Mis días corren, como las aguas a los ríos,
y mi vejez se estanca en los mares perpetuos.
Tengo veintidós inviernos, y sabo a muchos otoños
llevo dos décadas y parezco de un siglo.
Las horas son segundos, mis arrugas, mis pisadas.
Mis días corren, como vientos cortantes,
Doloso
Zigzagueante, sin destino.
Mis noches de insomnio,
en soberbia soledad;
bajo la luz opaca del velero.
El ambiente calcinante,
el soplo del viento al techo añejo
dan el toque de espera…
a una mañana más, de delirios bermejos.
Mis días descansan en el mar,
Perdiéndose,
entre olas y golpes confundiéndose con la sal.
...de "Manifiesto Poético"
diciembre 2004
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